Más que una portavoz, es una guardiana activa de su pueblo

Omayra Casamá es una líder indígena Emberá cuya vida y trabajo se sitúan en la intersección entre cultura, comunidad y futuro.
Nacida y criada en el territorio de Ipetí Emberá, su historia no comienza en instituciones ni en títulos, sino en el tejido cotidiano de su comunidad: en el cuidado, en la transmisión de saberes y en la relación viva con la tierra. Desde ahí, construye su liderazgo.
A diferencia de los modelos tradicionales de liderazgo visibles y jerárquicos, el de Omayra es silencioso pero firme. Es un liderazgo que se ejerce desde la acción constante, desde la presencia y desde la responsabilidad con su gente. Ha dedicado gran parte de su vida a fortalecer el rol de las mujeres dentro de su comunidad, reconociendo que en ellas reside una fuerza fundamental para la continuidad cultural y el bienestar colectivo.
Su trabajo se enfoca en la preservación de las tradiciones Emberá – la artesanía, la medicina ancestral, el conocimiento del territorio – no como elementos estáticos del pasado, sino como sistemas vivos con valor en el presente. Para Omayra, la cultura no es algo que se guarda; es algo que se practica, se comparte y se adapta sin perder su esencia.
Al mismo tiempo, entiende con claridad los desafíos contemporáneos que enfrentan las comunidades indígenas: la falta de acceso a oportunidades económicas, la migración forzada y el riesgo de pérdida de identidad en las nuevas generaciones. Frente a esto, su enfoque no es resistir el cambio, sino guiarlo. Trabaja para que las nuevas oportunidades – como el turismo cultural, la comercialización de artesanía o los espacios de intercambio – se desarrollen desde adentro, respetando los ritmos y valores de la comunidad.
Omayra es también una figura clave en los procesos colectivos que hoy están tomando forma en torno a iniciativas como la Fundación Sara Omi, donde su experiencia territorial aporta una dimensión esencial: la conexión real con la comunidad. Ella representa ese puente entre la visión estratégica y la vida cotidiana.
Su presencia recuerda algo fundamental: que el verdadero desarrollo no ocurre cuando se imponen soluciones externas, sino cuando las comunidades fortalecen lo que ya son. En ese sentido, Omayra no solo preserva cultura; la proyecta hacia adelante.
Más que una portavoz, es una guardiana activa de su pueblo. Y en un mundo que muchas veces empuja hacia la homogeneización, su trabajo afirma con claridad que la identidad, cuando se cuida y se valora, se convierte en una fuente profunda de fuerza y futuro.
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